Realizada la excavación, con sus dimensiones
adecuadas se ejecuta la cimentación que puede ser una solera corrida para todas las fosas
de la calle, o más frecuentemente, zunchos armados perimetrales sobre las que apoyan las
piezas prefabricadas.
Estas consisten en módulos, que son virolas horizontales paralelepipédicas que al ser
superpuestos forman las fosas, pudiéndose ejecutar desde una a cinco alturas y en planta
piezas de una unidad, dos o cuatro.
Las piezas encajan unas en otras mediante rabajes y resaltes, ejecutándose la junta con
mortero sin retracción.
Cada pieza lleva ménsulas que sirven de apoyo a las bandejas o baldas. Estas son paneles de
hormigón, en número de cinco por enterramiento que se colocan y sellan al producirse la
inhumación.
Sobre las baldas de la fosa superior se puede colocar una tapa ornamental nomolítica de
hormigón, con alojamiento para la lápida, y terminada al chorro de arena o lavado al
ácido.
Se colocan orificios de drenaje y conductos de ventilación con filtros de carbón
activado aunque esto último no es muy frecuente por no considerarse necesario en la mayor
parte de los proyectos.
Una vez montada una calle, se procede al relleno exterior y se termina la urbanización y
el ajardinamiento.
Otra solución prefabricada consiste en los llamados "Nichos momia" con análoga
solución a la de las fosas pero donde el enterramiento se produce verticalmente.